LOS GOLFOS Y LA GOLFAS.

Siempre me sucede igual: no soy capaz de distinguir entre un ibuprofeno y un paracetamol; un medicamento vale para lo mismo que el otro y un poco más…… pero nunca sé cuál es cuál.

Con lo de la disonancia cognitiva y el sesgo de confirmación hubo un tiempo en el que me sucedía algo similar, aunque ya estoy convencido de saber diferenciarlo.

Pues bien, si nos atenemos a la realidad social que nos ofrecen los medios de comunicación (entre los que ya hay que incluir a las redes sociales) hay que ser muy cerril o estar alienado o fanatizado para no reconocer que lo que se está viviendo en lo relativo a los casos de corrupción política evidencia una degradación que ni siquiera la ficción habría poder retratado con mejor tino.

Dicho de otra forma, no hay peor ciego que quien no quiere ver y yo diría que no hay peor sordo que quien no quiere escuchar.

Hace poco publicábamos nuestra opinión sobre el último estreno de Santiago Segura cuya última (esperemos) entrega del personaje de Torrente comenzaba con una advertencia genial: Cualquier parecido con la realidad no es una coincidencia, es una putada.

Cuando comenzaba la segunda andadura del gobierno Frankenstein sospechábamos que lo que se avecinaba apuntaba a un mandato con demasiadas costuras para garantizar una estabilidad de la que se pudieran beneficiar la mayoría de los españoles, teniendo en cuenta que la actual legislatura obedece a intereses partidistas condicionados por las ideas nacionalistas o directamente independentistas de unas minorías.

Hablamos de unas costuras sostenidas con los alfileres del juego de las mayorías parlamentarias, integradas por idearios tan variopintos e incompatibles como el agua y aceite, pero que en todo caso impiden que se aprueben unos presupuestos generales del Estado o que no se gobierne a base de decretazos.

Con las anteriores premisas, no ha de sorprendernos el cinismo más absoluto que atesoran, no ya tan solo quienes ostentan el poder, sino quienes los sostienen, si tenemos en cuenta que el anterior Presidente del Gobierno fue desalojado por un caso de corrupción, con el apoyo mayoritario de la cámara baja.

Sea como fuere, el maremágnum de la política nefasta que nos ha tocado padecer nos muestra un pésimo nivel intelectual y un escaso decoro parlamentario que convierte a las sesiones de control al Gobierno en un espectáculo deleznable.

Dicho lo cual es una evidencia que nos encontramos en una España que, en lo político, sentamos precedentes en medio siglo de nuestra Democracia, aunque yo iría más atrás, en el tiempo.

Y así, sin ánimo de ser exhaustivos, es la primera vez que un enamorado Presidente del Gobierno se toma unos días de reflexión y abandona su cargo, la primera que un Fiscal General del Estado es condenado y además, para perjudicar a un rival político del Gobierno, hemos sufrido por primera vez un apagón general de quien nadie se hace responsable y es la primera vez que de forma consecutiva, dos secretarios generales del partido gobernante son enviados a prisión preventiva.

Casi nada al aparato y me he quedado corto.

De todas formas, convendrá un lector sensato no fanatizado ni alienado, que lo peor, lo dramático, lo verdaderamente desesperante es la imagen que se está ofreciendo.

Una imagen que hace que en el termino de vergüenza ajena no se encuentre el necesario acomodo para la sensación que le ha de quedar a alguien que se considere digno ante lo que está percibiendo.

Pero es que, además, a juicio de quien esto escribe, supone un problema añadido el que se frivolice o ironice sobre unos escándalos preñados de supuestas conductas cutres y casposas aderezadas por la codicia y la estulticia, coincidente todo ello con un periodo pandémico que nos encerró en casa y que dejó miles de muertos en España.

Algunos sospechan que Pedro Sánchez puede ser gafe y que su gran error fue desenterrar los huesos de Franco , en cuanto que el detonante de todo lo que vendría después de octubre de 2019.

En los próximos meses comprobaremos si, como todo apunta, coincidiendo con el noventa aniversario del inicio de la guerra civil, el del Ferrol vuelve a ser su comodín para seguir afianzando un muro que solo él, quiso levantar.

Nos sorprenderá si no fuera así, aunque como dice un buen amigo, el espigado y cada vez más delgado mandatario, puede aún tener preparado algún otro truco de su magia progresista.

Quienes lo apoyan seguirán considerando que lo suyo es una sabia prestidigitación cuando en realidad tan solo es fullería.

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