LA PELÍCULA DE HOY: TORRENTE, PRESIDENTE.

No es exagerado decir que la última película de Santiago Segura constituye un fenómeno social, sin precedentes. “Mal rayo le parta”, pensará el endiosado Almodóvar, que ha estrenado su “Amarga navidad” poco después de la que (de momento) puede ser la última aportación al séptimo arte de uno de los más infames personajes que nos ha dado la ficción en nuestro país.

Y no es para menos, teniendo en cuenta que “Torrente, Presidente” está reventando la taquilla.Lo está petando, como dicen ahora.

He de confesar que Santiago Segura me parece un genio como productor y como vendedor de sus productos, aparte de un tipo muy simpático y ingenioso, si bien como cineasta me resulta mediocre, como lo son sus películas, tan mal dirigidas como interpretadas.

Y es que ni siquiera le daría un aprobado como actor, con la honrosa excepción de su inolvidable papel en El día la bestia (por favor, hagan la prueba de preguntarle a Alexa si es satánica) o en El gran Vázquez, encarnando al genial humorista creador de Zipi y Zape.

Así todo y eliminando de la ecuación cualquier disquisición sobre la técnica cinematográfica o interpretativa, he de afirmar que tras escuchar todas las entrevistas del actor y director antes y después del estreno de “Torrente, Presidente” tanto me alegra enormemente que le esté yendo de cine, nunca mejor dicho, en salas, como me entristece comprobar que se ajusta a la perfección su recreación de la España de 2026, desde la parodia corrosiva, hiriente y casposa.

De todas las entrevistas recomendaría la del programa La script, videopocast dirigido por la, digamos, posicionadísima en lo político María Guerra, que ya hizo un mayúsculo ridículo al preguntar en una rueda de prensa a Emma Stone algo que no venía a cuento al hilo de cómo afrontaba su papel en cuestión desde la perspectiva de género.

Y es que mientras que la entrevistadora caía en el permanente error de una impostada o aprehendida superioridad moral de quienes votan diferente de la izquierda, tratando de dar lecciones cuando no menospreciarlos, se encontró con alguien, como es el caso de Santiago Segura, que reconociendo que antaño votaba lo mismo que ella, ahora se encuentra desencantado con la España que se retrata en su película.

Es más, ahora mismo él se considera “equidistante, tibio y mierder”, es decir, en ningún caso radicalizado, maniqueo ni necesitado de soltar bilis por la boca para insultar tecleando en redes sociales o para la cancelación ajena por lo que otro siente, dice o piensa.

Además, Segura no escondía el hecho de que había desempolvado su personaje, atendiendo a la candente actualidad, habida cuenta de que es vox populi (espero no ofender por lo de vox) que el otrora Ministro que se consideraba feminista al ser socialista, hoy en prisión provisional, es del todo “Torrentiano” y de que había rodado y estrenado su película casi forzado por el reto de llevar la contraria a quienes compartían un run run que venía sonando desde hace tiempo y que apuntaba a que, hoy día, con la que está cayendo, sería imposible rodar una película del franquista seguidor del Atleti y del Fary.

De toda la entrevista, es impagable el momento en el que la directora del videopodcast califica de estúpidas a las votantes de VOX, y tras comprobar la reacción de Segura y manifestar que lo iba a editar, muy hábil y despierto, como siempre, el actor y director le espetó que lo editará también a él.

Al final, ni lo uno ni lo otro, se dejó integra la entrevista, como debe ser….aunque no fuera la SER….en la que por cierto, ya no está María Guerra; quizás es que se ha vuelto demasiado radical para el grupo Prisa.

Una de las críticas más feroces de Segura fueron dirigidas a los críticos que,como respuesta al desaire que para ellos constituía que el director hubiera hecho la promoción con posterioridad al estreno, lo primero que hicieron al llegar a su portátil para su crónica fue destripar la película relatando cuáles eran los cameos más llamativos.

Y es comprensible el cabreo de Segura, máxime teniendo en cuenta que la esencia de toda la saga de Torrente (nada menos que seis películas, a cada cual más mala pero más taquillera) es precisamente el que, como dirían ahora, en plan random, aparezca un sinfín de celebridades (nunca un termino acabó tan vilipendiado visto el nivel medio intelectual y/o artístico y/o de buen gusto de las mismas) que quizás no aporten nada al argumento (que tampoco es que sea para tirar cohetes) pero que siempre obligan a estar atentos ante la sorpresa, cuando no generan la carcajada general.

Volviendo a la película, destacaría dos situaciones, siendo positivos, muy positivos….

La primera, que una vez más y es una pena que apenas se prodigue en el cine, Gabino Diego nos demuestra que es un actor como la copa de un pino, pese a que para su Cuco, en puridad, parece que no resulta muy exigente.

Al hilo del personaje que Segura resucitó un cuarto de siglo después, resulta obligado aludir a este corte de pelo brócoli que insulta a la estética masculina y que se ha inmortalizado en un meme: “¿Quién nos iba a decir que el peinado de tonto de Cuco en Torrente 2 iba a ser la moda entre el noventa y cinco por ciento de los jóvenes actuales?»

Y la segunda es la participación, más que cameo, de una celebridad (está vez sí, con todos los honores) que ha sido cancelado, defenestrado y vilipendiado por los suyos tras unos supuestos abusos sexuales que tras el enésimo juicio celebrado, no han sido demostrados; es para quitarse el sombrero ante Santiago Segura por haber apostado por él, pese a que si cruzamos el océano muchos podrán alucinar en el futuro cuando descubran que «Torrente, Presidente» forma parte de su excelsa filmografía.

Cierto es que su papel, que borda como el gran actor que es, le aporta un tono de demasiada seriedad a la película, que ya se viene anticipando en su parte final, alejándose del componente ácido y paródico que persigue Segura y que supone que el ritmo y la risa decrezcan con unas forzadas escenas de acción y tiroteos.

Sin embargo, como diríría Angel Sanchidrian en sus impagables críticas de “Sinopsis de cine”, su intervención, es lo que le da calidad a la película, quizás la única que tiene.

De todas formas, en el debe de Segura siempre quedará el que no nos deleitara con un personaje de una “fontanera” ya que los últimos acontecimientos se la dejaban botando…

Cuando escribo estas líneas es Jueves Santo, en una semana que obliga al descanso y/o al divertimento y/o a la devoción, cuando no a la reflexión.

Aún siguen sonando los ecos de la lamentable imagen que hace días dio al mundo buena parte de la afición de la selección española durante la celebración del partido amistoso de fútbol que enfrentaba a España y Egipto en la Barcelona más españolista.

Una imagen que ayudará poco a que podamos celebrar la final del Mundial de 2030 en el Santiago Bernabéu, cuando ya se sospechaba que nuestro Gobierno poca intención tenía de disputarle el honor a Marruecos.

Dirán que tenemos la piel muy fina, pero el que te menosprecien y se mofen por profesar una religión no es lo más constructivo, máxime cuando tu mayor estrella (pese a que les pese a los madridistas, si bien todo hay que decirlo, últimamente brilla poco) profesa esa religión.

Y es que súbitamente los detractores de la justa y merecida crítica han arremetido contra el hecho de que el himno de todos los españoles es silbado de forma recurrente en encuentros que aglutina a espectadores independentistas o que algunos, siendo españoles de nacimiento, se mofan de quienes lo somos de nacimiento y de corazón.

A mi juicio con esta visión se incurre en el “y tú más” que tanto se evidencia en nuestra clase política tan mediocre como destructiva y que polariza desde el populismo más infame cuyo mayor estandarte lo porta Pedro Sánchez.

Es una lástima pero su parodia aparece encarnada en la película de Segura con menos metraje del que se merece el peor gobernante que hemos tenido en décadas .

Cuando se lo comentaba a un amigo, le decía que, visto lo visto, lo mejor es una barra libre en cuanto a la libertad de expresión, a lo que él me respondía que lo ideal sería el respeto mutuo.

Podría compartirlo por ser mucho más razonable, pero como siempre dice uno de los habituales contertulios del podcast, no estamos en un mundo de unicornios ni piruletas…..

Fui a ver «Torrente, Presidente», a sabiendas de que, como el resto de la saga, la película me resultaría mala, muy mala. No me arrepiento de ello.

Alguno bromeaba diciéndome con mucha coña que «menuda decepción», pensando que yo era más de Bergman; estoy convencido de que viendo lo fácil que nos lo ponen ahora para sestear en el cine con esas tumbonas reclinables, con el cineasta sueco hubiera entrado en fase REM muy pronto.

No obstante, pese a los diez euracos que hay que desembolsar, este placer culpable que supone ver la película puede ser degustado por quienes, entre tanta calamidad y mala leche globales, tan solo busquen relajarse un buen rato con una parodia que no deja títere con cabeza.

Lo curioso (o no tan curioso) es que ha ofendido a muchos de los objetivos de la sátira, mientras que a otros les ha hecho bastante gracia verse así representados, como demostración de que a veces, es más inteligente reírse de uno mismo, máxime cuando no vas de lo que no eres como otros ofendiditos que disparan todo tipo de soflamas y peroratas de cara a la galería y todo ello desde su zona de confort.

Quienes quizás como Santiago Segura nos consideramos «equidistantes, tibios y mierders” desde cierta objetividad podemos perfectamente reconocer lo positivo y lo negativo de todas las posturas, visto que no tenemos incrustada una ideología en nuestra frente y cerebro y que sin necesidad de poner la otra mejilla, tampoco tenemos la de apagar fuegos con gasolina.

Quizás estos «equidistantes, tibios y mierders» también seamos los más indicados para captar el amargo mensaje expresado por el propio Santiago Segura de que Torrente, Presidente, en realidad, es una película de terror.

#Teacusodeacoso#TorrentePresidente#SantiagoSegura#cineespañol#GabinoDiego

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