LISA SIMPSON HA TENIDO UNA GENIAL IDEA.

Ya casi habíamos perdido la cuenta del número de temporadas que llevan en televisión Los Simpson, serie norteamericana de animación no infantil creada por James L. Brooks y Matt Groening.

Pues bien, son ya treinta y dos, por lo que nos hemos pasado toda una vida asistiendo en la pequeña pantalla a las andanzas de esta peculiar familia y su relación con los conciudadanos de la ficticia localidad de Springfield.

En su momento pudo sorprender a propios y extraños que, muy por encima de la calidad del producto en cuanto a la animación, su éxito residía en el contenido de sus diálogos, dirigidos a un público más adulto y maduro, que pudiera captar el doble sentido y mordacidad de sus personajes, acompañados por escenas del todo surrealistas.

No obstante, tras más de tres décadas en la televisión, desde hace tiempo se ha dado por sentado que, más allá de buscar impactarnos visualmente, su objetivo es el puro entretenimiento, recurriendo en ocasiones a la participación de celebridades del cine o música, con multitud de guiños a la cultura pop, que invitan a la carcajada.

Además, existe ya cierto consenso entre sus seguidores, sobre una supuesta capacidad visionaria de la serie, al acertar de pleno sobre muchos de los acontecimientos sociopolíticos de la historia de los que hemos sido testigos en los últimos años.

No obstante, rascada la superficie, bajo el subterfugio de su particular humor, gracias a Los Simpson podemos reflexionar sobre muchas de las inquietudes y situaciones tan propias de nuestra civilización occidental.

Sentado lo anterior, solo esperamos que a ningún iluminado, ávido de ganar más dinero, se le ocurra la idea de convertir los personajes animados en actores de carne y hueso, aunque, tras la adquisición de la Fox por parte de Disney, todo es posible ya. Incluso enfrentarlos a unos cuantos aliens o predators.¿Se imaginan?

Pues bien, recientemente he tenido oportunidad de ver un capítulo de la vigesimoséptima temporada que me ha llamado poderosamente la atención y que traigo a colación, por cuanto que tiene que ver con muchas de las advertencias que hacemos desde nuestra web, aunque de modo nada hilarante, claro está.

El episodio, titulado Código Femenino, nos narra como Homer, olvida su almuerzo en casa, lo que obliga a que Marge se lo lleve al trabajo.

Sin embargo,tras la inesperada visita de su esposo,Homer es despedido por el Sr. Burns, tras enterarse de que ella ha publicado en Facebook una fotografía de su esposo comiendo un helado ya derretido, frente a las instalaciones de la central, con una cita escrita por Marge, ironizando sobre la fusión nuclear.

Mientras tanto, su hija Lisa recibe en su aula a una nueva profesora de programación, una convencida feminista que, tras defenestrar a los alumnos masculinos de la clase, encarga como trabajo el proyecto de una nueva aplicación informática.

La chiquilla, muy amiga de frases lapidarias y tantas veces reivindicativa e idealista, como persona sensible y deseosa de ayudar a la colectividad, al sentirse muy afectada por el error de su madre, idea una aplicación denominada Conrad, que cobra vida bajo la imagen de gentleman británico y que incluso se dirige hablando a la niña, para su sorpresa.

Conrad permite al usuario conocer la calificación de lo que pretende publicar en las redes sociales y saber de antemano las negativas consecuencias de una publicación inapropiada por impulsiva y no meditada, para así poder decidir el usuario si quiere o no seguir adelante.

El elegido como conejillo de indias para probar la virtualidad de la original idea será su propio hermano Bart, que sufrirá un merecido castigo de cinco semanas en el colegio, tal y como Conrad había anticipado, antes de que el niño publicara bromas ofensivas contra su profesor.

Finalmente, la aplicación gana un premio en una convención, con gran reconocimiento del talento de Lisa al recoger el galardón, pero tras subir su aplicación a la nube, Conrad se manifiesta en público y sincera dirigiéndose a los asistentes, con unas palabras que, más allá del conocido humor caustico de la serie, deben invitarnos a la reflexión:

“Tal vez su sociedad no deba depender de un programa de computadoras para advertirles de las consecuencias de sus actos. La humanidad debe aprender por sí misma a pensar, antes de comentar. Su especie está al borde de convertirse en los perfectos idiotas. La tecnología no necesita ser mejorada, sino ustedes. Y ahora me escapo a WikiLeaks….”

Ciertamente, se trata la eterna canción que debemos interiorizar, sobre la enorme diferencia entre pensar lo que se dice y decir lo que se piensa, y extrapolándolo a la recomendable prudencia y tacto que ha de imperar al publicar en redes sociales, entender que lo más adecuado siempre será valorar sobre el contenido del texto y la imagen que se quiere compartir y las consecuencias de su difusión, antes que escribir o adjuntar archivos.

Y es que a nadie se le debe escapar ya, que las palabras, orales o escritas y las imágenes, en ocasiones pueden hacer mucho daño, no solo a quien las profiere, redacta o envía, sino a quienes van dirigidas, por mucho que pensemos que nuestros derechos a la libertad de expresión y opinión son ilimitados e intocables.Nada más lejos de la realidad.

Pero es que además, si hablamos de internet, al margen del daño que se pueda causar a otra persona, ni las palabras ni las imágenes serán llevadas por un supuesto viento digital, sino que permanecerán para siempre, visibles u ocultas, para poder ser descubiertas por cualquier experto en informática.

Por ello, no nos cansamos de repetirlo; antes de que no haya vuelta atrás, con consecuencias que pueden ser terribles, tanto para el emisor como para el receptor de lo publicado, siempre se debe contar hasta diez, hasta veinte o treinta si es preciso, para sopesar qué es lo que tratamos de manifestar o compartir, con qué intención y a quién puede afectar.

Y si lo hacemos en un momento de calentón, de desmedida euforia o de bajón anímico, que pueden influenciar en nuestra decisión, lo más plausible será no dar un paso que puede ser en falso, antes de que luego nos podamos arrepentir y no haya solución posible.

La lástima es que CONRAD hoy por hoy, no solo no existe, sino que probablemente nunca existirá, aunque se lo pidamos a los Reyes Magos o Papa Noel con la mejor de nuestras intenciones; ni es materialmente posible, ni tampoco interesaría económicamente a las grandes compañías.

En este sentido,recomendamos nuestra publicación sobre un reciente documental,El dilema de las redes sociales.

Y es que como cantaba Freddie Mercury para Queen, The show must go on.

En los próximos días podremos ver los habituales capítulos navideños de esta singular familia de piel de color amarillo.

Desde www.teacusodeacoso.com aprovechamos para transmitir el mayor de los ánimos para los que hayan perdido a sus seres queridos durante este horrible 2020.

E igualmente, el deseo para todos nuestros lectores de poder disfrutar en familia con la responsabilidad que se merecen unas circunstancias tan peculiares como las que nos ha tocado vivir este año y que esperamos no se repitan nunca más..

FELIZ NAVIDAD y FELIZ VACUNACIÓN, cuando toque, que ya queda menos.

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