LA PELÍCULA DE HOY: WHIPLASH (2014)

Antes de cautivarnos con la deliciosa La la land, el director Damien Chazelle ya había demostrado su talento con esta intensa película, no tan conocida para el gran público, sin duda escéptico ante el argumento que proponía.

Whiplash es uno de los temas de jazz del repertorio que ensaya el conjunto dirigido con mano de hierro por un profesor de un selecto conservatorio, al que se incorpora un apasionado y obsesivo joven con evidente talento para la batería y no exento de ambición a cualquier precio. Pero ese precio pasa por sufrir las constantes humillaciones del profesor, ensayar hasta el límite de su físico y renunciar a cualquier otra relación personal que suponga un obstáculo para su único objetivo: ser el mejor.

La película reproduce en sus primeros minutos el premiado cortometraje realizado por el propio Chazelle en 2012 y está protagonizada por el prometedor Milles Teller y un ENORME J.K Simmons, que hasta la fecha había destacado en comedias, y que se llevó la friolera de cuarenta y siete premios por repetir el papel del cruel y severo profesor de jazz, entre ellos un merecidísimo Oscar al mejor actor secundario.

Algunos se verán reflejados en la piel del protagonista que sufre las reacciones coléricas de su profesor, como experiencias similares a las vividas en las ya lejanas etapas de E.G.B, cuando el derecho de corrección de los docentes podía ejercerse recurriendo a la violencia verbal o incluso física.

Y hoy día, en ciertos ámbitos como el artístico o deportivo, no todos pueden soportar el extremo grado de exigencia y la disciplina que imponen con dureza algunos educadores o entrenadores.

Muchos aún recordamos la mítica frase de “Fama”, serie de TV basada en la homónima película de Alan Parker: “Buscáis la fama, pero la fama cuesta, y aquí es donde vais a empezar a pagar: con sudor”

Un anónimo afirmaba también que cuanto más sudas en la práctica, menos sangras en la batalla.

Gotas de sudor y algunas de sangre son las que impactan sobre la caja de la batería, al ritmo de los baquetazos del protagonista, como sacrificio asumido voluntariamente.

Pero tratar a la baqueta a un alumno es intolerable y denunciable.

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