Habíamos abandonado la sana costumbre de publicar escritos en el blog, visto que los quehaceres profesionales y el habernos volcado en el desarrollo de nuestro podcast apenas dejaban tiempo para poder dedicarlo a algo que requiere un mínimo esfuerzo, sin desatender a amigos y familia.

Empero, la disparatada situación política actual obliga cuando menos a hacer un alto en el camino para tomar aire y poder reflexionar sobre lo que se nos avecina, que no es poco, sirviendo estas líneas de un modesto legado para el futuro.

No me atrevo a asegurar quién lo expuso recientemente en un medio de comunicación, pero sus palabras me llamaron poderosamente la atención, viniéndome a la memoria lo que siempre apunta el escritor Arturo Pérez Reverte sobre el malditismo de la historia de España.

Apuntaba a la denominada Ley del determinismo histórico o de los ciclos sociales, que implica que cada cierto tiempo se produce un vuelco más que notable que revierte el statu quo de una sociedad determinada y que en el caso de la española repercute en serios conflictos entre sus compatriotas.

En su momento ya tuvimos oportunidad de referirnos a los indultos decretados por el Gobierno, beneficiando a los condenados independentistas catalanes y del revuelo que provocó tamaña decisión política, siempre vendida como la mejor solución para pacificar la situación en Cataluña
https://teacusodeacoso.com/indultos-como-punos/

En honor a la verdad cabe aseverar que, por mucho que les duela a muchos, efectivamente así ha sido, si bien puede interpretarse como cesión a un chantaje en aras de evitar volver a prender la mecha en el polvorín de la política secesionista.

En este punto voy a referir algo que desde la distancia parece pueril pero que no deja de ser muy ilustrativo.

Uno que desde niño ha sido un gran seguidor del Fútbol Club Barcelona siempre ha tratado de disociar lo que implica el aspecto deportivo del netamente político, visto que, al menos para quien esto escribe, y por mucho que insistan los mandatarios culés, se trata de juntar churras con merinas en un intento aldeano de vincular un deporte con un sentimiento identitario que además no es mayoritario en Cataluña.

No obstante, durante las retransmisiones televisivas de los partidos que venían jugando en el Nou Camp, tras los sucesos del 1 de octubre de 2017 no podía más que sentirme molesto cuando el estadio era un clamor al gritarse por el público en catalán “INDEPENDENCIA” a partir del minuto 17 y 14 segundos de cada parte (en honor a ese año, 1714, al que tanta importancia le dan los independentistas).

Y cabe decir que tal situación fue decreciendo notablemente una vez que accedió a la presidencia de nuestro Gobierno Pedro Sánchez, hasta casi desparecer una vez que éste decretó los indultos y luego logró que se reformara el Código Penal para aligerar la respuesta penal ante posibles intentos secesionistas.

Pues bien, seis años después, nos encontramos con que, en un sorpresivo giro de los acontecimientos, Pedro Sánchez nos convocó a elecciones anticipadas para un cálido domingo de julio, tras el batacazo sufrido por el PSOE en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2023.

Y podemos asegurar, sin riesgo a equivocarnos, que tras el resultado de las urnas, que contra pronóstico pero dando la razón a las encuestas de Tezanos, otorgó una pírrica victoria para el Partido Popular, se ha dado una situación cuando menos diabólica visto a lo que las matemáticas parlamentarias están obligando.

Lo decimos porque tras asistir a una fallida investidura del candidato a la Presidencia del Gobierno, Alberto Núñéz Feijóo, que no ha logrado los votos necesarios, el Rey se ha visto obligado a proponer a un segundo candidato, que no es otro que el actual Presidente en funciones.

Y no exageraremos en lo diabólico del panorama, porque si Sánchez quiere revalidar el tantas veces cacareado gobierno progresista con Sumar, necesita no solo el apoyo de los nacionalistas e independentistas vascos ( esto es, del PNV y Bildu otrora HB, el brazo político de la banda terrorista E.T.A y que muy pronto se las tendrán tiesas en sus elecciones autonómicas, ojo al dato) sino también del beneplácito, ora con la abstención ora con el voto positivo, (según sea la postura de Unión Canaria) de quienes precisamente quisieron romper con España en 2017 proclamando un República catalana, porque yo lo valgo, con un President dado a la fuga, Carles Puigdemont y que no han renunciado a la vía unilateral para volver a intentarlo, vista la relajación del Código Penal.

Lógicamente, hablamos de quienes primero fueron condenados y luego indultados por su intento secesionista o golpe de Estado, lo que obligó a nuestro monarca a comparecer ante todos los españoles, emulando a lo acontecido con su padre en febrero de 1981, si bien por motivos diversos.

Llegados a este punto y cuestionándonos sobre el eterno dilema de si el fin justifica o no los medios, es evidente que si hablamos de política, se ha llegado a un punto en el que la palabra dada a los ciudadanos en público y con luz y taquígrafos apenas vale de nada, camuflándose una flagrante falacia por un simple “cambio de opinión” en atención a las circunstancias y en especial a los intereses, que visto lo visto, son más que partidistas, del todo bastardos.

Pero volviendo a lo que apuntábamos antes sobre el determinismo histórico, a nadie se le escapa que el actual partido socialista tiene mucho más que ver con el PSOE de Rodríguez Zapatero y con el de la Segunda República,que con el que logró la mayoría absoluta en 1982, gobernando en España bajo la presidencia de Felipe González hasta la victoria de José María Aznar en 1996 con el Partido Popular.

Durante estos últimos años he venido reflexionando sobre la siempre mentada polarización que ha dividido a nuestra sociedad hasta el punto de fanatizar la ideología de muchos que le niegan el pan y la sal a un adversario que ya ha pasado a la categoría del enemigo.

Y es que, haciendo un símil futbolístico, cuando se habla de que al aficionado no le importa ganar, aunque sea en el último minuto y con un penalti injusto, tal razonamiento apasionado no dista de lo que implica votar a un partido para que no gane y gobierne el del rival.

Pues bien, la conclusión a la que he llegado es que quizás con la Transición y posterior devenir democrático en España durante los años ochenta, noventa y primeros dos mil había un único enemigo a batir: el terrorismo etarra

Y muerto y enterrado éste (algunos entienden que en apariencia) la confrontación entre derecha e izquierda era inevitable, en especial tras la irrupción de Podemos como Vox como ejemplo de dos extremos, el de la izquierda y el de la derecha.

De todo ello también debatimos en su día en el blog, apuntando a que el populismo mediocre ha dejado atrás a quienes tenían una mayor capacidad intelectual, mayor catadura moral y sentimiento de Estado a la hora de ejercer la política.

Sentado lo anterior, no podemos olvidar que precisamente el ahora fugado tras su espantada, Puigdemont, ciertamente tiene la llave de la Presidencia del Gobierno que ha puesto muy cara, yo diría casi de oro.

Y lo decimos porque el prófugo ha manifestado por activa y por pasiva que para darle el ok a Sánchez y para que no gobierne la derecha con la ultraderecha (con la que por cierto comulgaría en esencia el partido de Puigdemont) no solo pretende una amnistía (palabra maldita que no se atreve pronunciar ninguno de los supuestamente defensores del orden constitucional patrio) sino también un referéndum de autodeterminación y, puestos a pedir, el abono por parte del Estado español de la deuda histórica con una Cataluña, en la que por cierto, se ha producido una desbandada de empresas, sin perjuicio de que el empuje del independentismo se haya relajado en los últimos años.

No ahondaremos ahora en el componente psicológico de toda esta diabólica situación que ha obligado a que uno tras otro en las filas socialistas, siguiendo los dictados de Sánchez (al que algunos califican como narcisista de manual y con rasgos que apuntan a la psicopatía) recientemente hayan sostenido justo lo contrario de lo dicho con rotundidad con anterioridad a las elecciones de julio de 2023 cuando habían sido preguntados acerca de la posible amnistía y el referéndum; donde dije Digo, digo ahora diego o simplemente “manzanas traigo”

Cada cual sabrá si se considera digno en el plano político y si su apoyo, casi sectario y de seguir a pies juntillas la voz de su engolado amo apoltronado, no implicará un perjuicio irreparable para una nación que ahora afronta los momentos más complicados de su democracia, con permiso de Tejero.

Quizás se lo pensaría si se recuperaran aquellos Juicios de Residencia que una vez hubo en la Corona de Castilla y Aragón y que implicaban un obligado proceso de depuración de responsabilidades para quienes ostentaban un cargo a la finalización de su mandato.

Hasta la fecha apenas han tenido efectos las voces discrepantes dentro del PSOE que provienen de los socialistas más veteranos y que algunos quieren dejar fuera de la circulación, no solo ninguneando sus opiniones, sino directamente expulsándolos del partido, como es el caso de Nicolás Redondo Terreros.

Sin embargo, algunos califican la postura de Emiliano García-Page, presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha ( de los pocos núcleos socialistas que han resistido tras el varapalo de las elecciones autonómicas) de cierto cinismo (aunque yo lo veo más que un guiño a los militantes más moderados, para posicionarse como relevo por lo que pueda pasar ante una hipotética salida de Sánchez) visto que los diputados de su comunidad no se han saltado la disciplina de voto sin abocar a un denostado transfuguismo, para apoyar a un Feijóo más comprometido con la estabilidad territorial.

Pero amén del posicionamiento de los casi jurásicos Felipe González y Alfonso Guerra (incluido su dardo sobre las idas a la peluquería de la Vicepresidenta Yolanda Díaz) el que sobremanera ha elevado el tono ha sido el ex Presidente de la Comunidad de Extremadura.

Y es que al ser preguntado por la actual situación, el siempre lenguaraz Rodríguez Ibarra, ha sido meridianamente claro“ Quien viole la Constitución, viola a 40 millones de españoles” siendo respondido desde su partido para que en la medida de lo posible ofrezca en lo sucesivo una imagen de una mayor contención; tarjeta amarilla, pues.

Cierto es que los juristas usamos el verbo “ violar” con sinónimo hiperbólico de “atacar, agredir o violentar” lo estipulado en una norma, pero en el caso del político socialista no parece lo más adecuado, puesto es obvio que se servía del verbo hilando con la polémica suelta de violadores tras los perniciosos efectos retroactivos de la Ley del solo sí es sí (por cierto, cuando escribo estas líneas son más de doscientos los beneficiados, y ni un solo cese ni una sola dimisión, con un asunto Rubiales, aún candente en la Audiencia Nacional)

Algunos ya se sienten muy decepcionados con Felipe VI, visto que ha propuesto a Sánchez y resultará inviolable (otra vez el verbo) ante todo lo que éste le entregue para la firma, esté o no de acuerdo con el tenor de lo firmado.

Y es que, en todo caso el monarca reina pero no gobierna; así son las reglas del juego que se aceptaron en su momento.

Por ello es probable que aquel que en 2017 dio la cara por los españoles ante la afrenta secesionista, en breve sea elevado por muchos a la categoría de traidor a la patria, calificativo que como el desodorante Rexona nunca abandonará a Sánchez si se confirma, lo que muchos dan por seguro, de que habrá amnistía bajo otra denominación menos hiriente para los oídos ajenos.

Sin embargo, no es una osadía insinuar que quizás el Rey, más que temer que su hija Leonor nunca llegue a sustituirle en corona, consideré que el que precisamente se juega el cuello (perdónese la hipérbole gabacha revolucionaria) sea el propio monarca ante una supuesta insinuación camuflada por una cínica sonrisa del candidato Sánchez de que lo siguiente va a ser el plebiscito sobre Monarquía o República.

Lo que bien haría Sánchez si es que sigue en sus trece, es precisamente someter a la decisión del pueblo español si acepta o no conceder una amnistía que implica retrotraerse a seis años atrás como si nada hubiera sucedido, violentando (por no decir violando) las bases del Poder Judicial que además se sirvió de unos agentes de la autoridad que no olvidemos, velan por nuestra seguridad al tiempo que lucen la enseña nacional en sus uniformes.

Y es que basta con pensar que ya sería el colmo que fuera el Estado el que luego tuviera que indemnizar a los que se pasaron la Constitución por el arco del triunfo.

Se aproxima Halloween y algunos seguramente estarán pensando que el disfraz estrella de este 2023 sea el del vampiro Carles Puigdemont, residente en Waterloo, de momento.

Uno ya no sabrá si aceptarle el truco o el trato; de cualquiera de las dos formas se saldrá peor de lo que se llegó, con menos sangre.

Entradas relacionadas

Dejar una respuesta

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies