LA CANCIÓN DE HOY: STRANGE FRUIT, DE BILLIE HOLIDAY.

Desde hace algún tiempo teníamos en mente una de las canciones más polémicas de la historia, considerada como himno antirracista, en un momento nada apropiado para las reivindicaciones.

Y así, Strange fruit fue la primera canción protesta que empezó a remover conciencias sobre la brutalidad del trato que recibían los afroamericanos.

Al hacer una reseña en nuestro blog sobre un tema musical, tenemos por costumbre traducir la letra al castellano, al final del artículo.

No obstante, parece razonable hacer una excepción, en aras de dar mayor sentido al contenido de nuestra publicación.

De los árboles del sur cuelga una fruta extraña.

Sangre en las hojas, y sangre en la raíz.

Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña.

Extraña fruta cuelga de los álamos.

Escena pastoral del caballeroso sur.

Los ojos saltones y la boca retorcida.

Aroma a magnolia, dulce y fresco

que se convierte en olor a carne quemada

Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos,

la lluvia la tome, el viento la aspire,

el sol la pudra, los árboles la dejen caer

Es una extraña y amarga cosecha.

En su momento ya tuvimos oportunidad de escribir sobre las criminales actividades del Ku Klux Klan, al referirnos a la gran película de Alan Parker, Arde Mississippi, en la que se aprecia un enfermizo racismo, que ya en los años sesenta del pasado siglo, encontraba una respuesta más contundente por parte del Gobierno Federal.

Hasta entonces, solo unos pocos tuvieron la osadía de denunciar la situación sufrida por una minoría, por el color de su piel.

En este sentido, se puede situar el punto de partida de las primeras reivindicaciones desde la intelectualidad, tres décadas antes, cuando Abel Meeropol, un escritor judío de raza blanca y comunista, había quedado traumatizado, tras ver una macabra fotografía de 1930.

En ella se apreciaba el ahorcamiento de dos hombres de raza negra, Thomas Shipp y Abram Smith, tras ser congregadas cerca de cinco mil personas de raza blanca, muchas de ellas niños, para presenciar, entre risas y jolgorio cual espectáculo de masas, cómo eran linchados y colgados aquellos condenados por sus graves delitos de asesinato y violación.

Pues bien, en 1937 Meeropol escribiría el poema Bitter Fruit (Fruta amarga) que pronto se popularizaría tras convertirse en canción con el título de Strange Fruit (Fruta extraña) y ser interpretada dos años después por Eleanora Holiday Fagan, nacida en 1915 y mundialmente conocida como Billie Holiday.

Aunque aún no hemos tenido oportunidad de ver la película recientemente estrenada, Estados Unidos contra Billie Holiday, ya conocíamos sobradamente la triste historia de esta genial artista, apodada Lady Day,que antes había sido encarnada en el cine por Diana Ross en 1972, y que al igual que ahora, con Andra Day, obtuvo una nominación al Oscar por Lady sings the blues.

Y es que Holiday, no solo fue una de las mejores voces del pasado siglo, sino que además tuvo los arrestos suficientes para ejercitar su libertad de expresión de la mejor manera que sabía, cantando.

Eso sí, sin recurrir a los graves insultos, como uno que yo me sé y en una época de represión contra las personas de raza negra, como ella y tras salir al escenario desde un cuarto apartado del resto, al estar prohibido su contacto con personas de raza blanca.

Pues bien, sería el mítico club nocturno de Nueva York, Café Society, el primero de los locales en los que Strange fruit se escucharía en directo; unos tibios aplausos darían paso a una ovación de los presentes.

“Estaba flagelando al público, pero los aplausos fueron los más resonantes que escuché en mi vida” llegó a escribir en sus memorias.

Y es que Strange fruit se trata de una feroz crítica contra una execrable forma de castigo que en los estados sureños se había cobrado la vida de casi 2.400 personas en los últimos cincuenta años.

Consciente de la potencia de su mensaje, Holiday, que por entonces contaba con veintitrés años, durante el resto de su trayectoria ya incluiría Strange fruit en su repertorio como el último tema de sus actuaciones. Muy pocos se atreverían a hacerlo en el escenario.

Y así, con esta canción, a modo de lírica protesta, se despedía de un mayoritario público de raza blanca, que en buena parte se sentía conmocionado, pero que apenas apoyaba la causa afroamericana.

Sin embargo,los más racistas pusieron el grito en el cielo ante lo que parecía una canción incendiaria; no en vano, no fueron pocos los locales en los que se produjeron incidentes cuando Holiday cantaba Strange fruit.

El Gobierno estaba temeroso de que se exaltara aún más a una población supremacista y de extrema derecha, que por entonces campaban por sus anchas frente a una minoría étnica que vivía una brutal segregación en el Sur y no pocos prejuicios en el resto del país.

Por ello,desde del F.B.I muy pronto se pondría el foco en Holiday, distinto al de los escenarios,aprovechando su debilidad por la adicción a las drogas, como cauce para acorralar a la contestataria artista.

Más allá de su incontestable éxito, los traumas personales siempre acompañaron a Billie Holiday.

Así, su vida anterior a la fama había sido un auténtico calvario, marcado por una violación a los diez años, su bisexualidad y el ejercicio de la prostitución que la llevó a una reclusión de varios meses,siendo adolescente.

Pero Holiday empezó a inyectarse heroína a principio de los años cuarenta, cuando el agotamiento que suponían las giras en bus por todo el país, ya hacían mella en la cantante.

Y en 1947,tras ingresar voluntariamente en un centro privado para recuperarse, alguien reveló la noticia a la policía y Holiday fue arrestada y posteriormente condenada a un año de prisión por posesión y consumo, llegando a cumplir ocho meses en un centro penitenciario.

En el viejo continente, la legislación era más laxa en cuanto al tratamiento de los drogodependientes, que eran considerados como enfermos y no delincuentes, puesto que si no traficaban, no hacían daño a nadie más que a sí mismos y a los suyos.

Sin embargo, en Estados Unidos la tenencia y consumo de los adictos era considerado delito, al igual que también lo era que los médicos privados quisieran ayudarlos.

Por ello, Holiday nunca pudo deshabituarse del consumo de la heroína en su país, tras varios intentos, recaídas y nuevos problemas con la justicia, mientras que la prensa sensacionalista se cebaba con ella.

Sus palabras, recogidas en sus memorias, constituyen el mejor testimonio:

“La droga nunca ayudó a nadie a cantar mejor, ni a tocar mejor, ni a hacer nada mejor, te lo dice Lady Day.

Si alguna vez alguien trata de convencerte de que la droga ayuda, pregúntale si cree saber sobre la droga algo que Lady Day no sepa.

Lo único que la droga puede hacer por ti es matarte, lenta y duramente.

Y al mismo tiempo puede matar a la gente que quieres. Esta es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad»

A partir de entonces se frustró la oportunidad de seguir triunfando en la cuna del jazz, Nueva york, toda vez que le fue revocada durante años su licencia para poder cantar en esa ciudad.

En suma, la discriminación y el ostracismo la llevarían al exilio, viéndose obligada a combinar actuaciones en el resto del país y en Europa, donde sería aclamada.

Curiosidades del destino, en el año 1999 la revista Time eligió a Strange fruit como la mejor canción de la historia de la música; en 1939, la propia revista la había criticado con dureza, al considerarla mera propaganda política.

Pero en 1959, cuarenta años antes de la redención de Time, cuando una cirrosis hepática, ocasionada por sus adicciones ya la estaba destrozando, un infarto impidió que la genial cantante pudiera comprobar cómo en la década siguiente, una puerta a la esperanza se empezaba a abrir para los de su raza.

La gran Lady Day, o El ángel de Harlem, como luego sería rebautizaría por Bono en la canción de U2, solo tenía cuarenta y cuatro años al fallecer.

Había pasado hospitalizada los últimos días de su vida, bajo custodia policial, por una nueva detención por posesión de droga.

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