EL CORTOMETRAJE DE HOY: ESCÚCHAME (2010)


Si hay alguien que me ha impactado en los últimos meses en cuanto a su tenaz activismo en defensa de los derechos de las mujeres más vulnerables esa es Mabel Lozano.

En su día tuvimos oportunidad de hacer referencia a ella, al hilo de una publicación en la que abordábamos los viles métodos de captación y retención de mujeres y niñas para la trata con fines de explotación sexual.
https://teacusodeacoso.com/los-rituales-de-yuyu-vudu-como-coercion-para-la-explotacion-sexual/

En aquellas líneas también destacábamos el triste dato de que España precisamente es uno de los países en donde más se demandan servicios sexuales, que generan millones de euros, al tiempo que cosifican a las personas; no en vano se habla de que cerca de ocho millones de españoles han pagado a cambio de sexo, al menos una vez.

Tras rebasarse el ecuador de su mandato por parte del Gobierno, una de las cuestiones que siguen encima de la mesa y que más debate y polémica suscita, en cuanto a la divergencia y confrontación de posturas, precisamente es el de acertar con un modelo que persiga luchar de forma eficaz contra la trata con fines de explotación sexual, bien a través de su regulación, bien a su abolición.

Tiempo habrá para debatir en el blog sobre todas estas cuestiones, habida cuenta de que, como decimos, existe una gran controversia sobre el futuro de la prostitución, históricamente conocida como la profesión más antigua del mundo, que no deja de ser una forma demasiado poética para describir el que otros usen el cuerpo de una persona por mero placer, a cambio de un dinero que tan solo sirve para enriquecer a unos proxenetas carentes de empatía y de sensibilidad, cuando no delincuentes que merecen un severo castigo penal.

Pues bien, Mabel Lozano, en su día conocida por una exitosa faceta de modelo, actriz y presentadora de televisión, desde hace quince años ha dado un giro de ciento ochenta grados en su vida para centrar la actividad profesional en su faceta como escritora y documentalista de cine social en la defensa de los derechos humanos y en especial, como decíamos, de las mujeres víctimas de la trata con fines de explotación sexual.

Y es que tras publicar los libros PornoXplotación o el Proxeneta y dirigir documentales como Biografía del cadáver de una mujer (ganador del Goya) Chicas nuevas, 24 horas, El Proxeneta (adaptación de su propio libro) y el cortometraje del que hoy escribimos, la toledana es reclamada constantemente para intervenir en entrevistas, charlas, cursos y conferencias, lo que la convierte en una de las mayores y mejores divulgadores sobre los perniciosos efectos sobre la prostitución, tanto en España como en el mundo.

Cabe decir que, lejos de ser una persona moralista o dependiente de alguna corriente política que se apunta al carro falaz o forzadamente , su vocación es del todo sincera y desinteresada en cuanto a lo económico, teniendo en cuenta que a sus cincuenta y cuatro años y sobrada de un buen físico y de notable talento, bien podría haber continuado dedicándose a algo como es la televisión o al cine como actriz, sin un mayor compromiso social.

En lo personal, hay que señalar que recientemente ha superado un difícil trago tras ser intervenida de urgencia hace dos años de un cáncer de mamá que parece haber superado, a Dios gracias, y del que habla públicamente con total sinceridad y afabilidad, siempre con una sonrisa en los labios.

Si ya hablamos de Escúchame, el cortometraje de ficción, en sus escasos cinco minutos de duración impacta tanto en el fondo como la forma, esto es, en lo que cuenta y cómo lo cuenta su directora.

En cuanto al fondo, narra algo tan íntimo y escabroso como es el encuentro de una joven prostituta de Europa del Este con dos clientes con los que mantiene relaciones sexuales.

Cierto es que los dos difieren radicalmente en su forma de ser y en el trato que dispensan a la chica, pero precisamente porque nos muestra los dos extremos, Escúchame es mucho más ilustrativo para entender de lo que estamos tratando.

Así, el primero es una especie de Torrente pero sin ninguna gracia: putero habitual, cocainómano, zafio y violento, ni siquiera espera interactuar con una silente joven atemorizada, a la que no duda en soltar sus bobadas, antes de obligarla a hacer a la fuerza lo que la chica no quiere.

Y el segundo, despistado primerizo tras la celebración de una despedida de soltero, se muestra sensible, interesado y preocupado por la situación que ella atraviesa, si bien luego consuma lo que le ha llevado allí, echar un polvo,para luego volverse a su casa tan pancho.

Ambos, a su manera, no dejan de ser dos puteros de los miles y miles de eslabones que, como ellos, perpetúan un negocio de esclavitud con cadenas invisibles.

En cuanto a la forma, a medio de un único plano, estático desde debajo de la cama en la que yacen la joven y sus clientes, en Escúchame se deja a la imaginación del espectador que complete la sórdida escena que acontece en ese momento.

Pero además, en cuanto al segundo de los clientes, se acompaña la escena con el desgarro de los lamentos de la chica en una llamada de socorro, mientras rechina la cama y se escuchan los jadeos del cliente.

Lo más crudo del cortometraje y lo que invita a la reflexión, es que si bien se trata de una ficción, su protagonista, de nacionalidad rusa, vivió situaciones idénticas con los ochocientos puteros con los que se acostó y no precisamente para dormir, en una cama parecida a la que parcialmente se nos muestra, durante los cinco meses que se vio obligada a ejercer la prostitución en España, cuando contaba con dieciocho años.

Había llegado a nuestro país, acompañada por su novio que la engañó y la vendió literalmente, al decirle que había encontrado trabajo para ella en una empresa de limpiezas en Madrid; nada más llegar a la ciudad, se encontró con la brutal realidad, encarnada por un proxeneta que la violó, golpeó y le retiró su pasaporte para encerrarla en un club.

No en vano, conocer historias reales como esa, son las que le abrieron los ojos a la directora, hasta el punto de impulsarla para continuar en su encomiable lucha contra este fenómeno tan difícil de erradicar.

Al hilo de los terribles acontecimientos que actualmente nos tienen en vilo, con una invasión de Ucrania, que continúa obligando a que decenas de miles de sus compatriotas, la mayoría de sexo femenino, hayan tenido que abandonar su país,tan solo cabe rezar para que el destino de ninguna de ellas sea el de la protagonista de Escúchame.

Y es que muchas pueden ser las víctimas propicias para que otros desalmados sigan colmando sus ansias económicas a costa del sufrimiento ajeno y para placer de miles de hombres, incapaces de entender que el sexo es algo maravilloso, si es libre y consentido.

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