CRIPTOSECTAS, CUANDO LA TENTACIÓN VIVE DEMASIADO ARRIBA.

Llevamos meses siguiendo el curso de distintas informaciones aparecidas en distintos medios de comunicación, con ocasión de la detención policial de varias personas pertenecientes a una supuesta red criminal que podría haber reclutado a cientos de personas en España con técnicas de persuasión coercitiva propias de las sectas.

Y todo ello, tras ser seducidos por los cantos de sirena de otros, que con mucho carisma y labia les habrían convencido mediante el mantra del espíritu de superación personal y del “tú también puedes”, que siguiendo sus pautas lograrían elevadas cantidades para costear una vida de ensueño, propia de una celebridad, a través del trading con criptomonedas y la especulación derivada de su compra y venta.

Tanto en nuestro blog como en el podcast en su día ya analizamos exhaustivamente cuáles son las técnicas de lavado de cerebro de las sectas destructivas, que en buena parte pueden ser aplicadas en fraudulentas empresas piramidales o multinivel.

En este punto, el lector puede acceder a nuestra última publicación en esta web al respecto de este perturbador fenómeno que contiene los enlaces a otras publicaciones anteriores.

E igualmente, aconsejamos la escucha del amplio análisis que en nuestro podcast dedicamos en dos extensos episodios, con la relevante participación del psicólogo Antonio Cervero, que nos explicó detalladamente en qué consisten sus cuidadosas técnicas de captación y manipulación.

Cierto es que los entramados de toda estafa piramidal no son algo nuevo, visto que nacieron como uno de los efectos más perniciosos de capitalismo más voraz de algunos, que implica que muchos avispados, saltándose la ley a la torera, persigan obtener beneficios sin importar cómo o a quiénes se llevan por delante en su cometido.

En todo caso, el organizado fraude tiene como premisa el recurso al denominado método Ponzi, que debe su nombre a Charles Ponzi, un ciudadano norteamericano que en los años veinte del pasado siglo estafó millones de dólares a incautos ciudadanos que habían confiado en él.

Básicamente, la estafa piramidal se trataría de una persona o grupo, generalmente de marketing multinivel, que actúa como mediador de inversiones y sucesivamente van captando a otros para que aporten sumas destinadas a una supuesta inversión, con el compromiso de que, al cabo de un tiempo, la misma será devuelta con un gran incremento de beneficios, algo que no sucederá en los niveles inferiores de la pirámide que son los que están enriqueciendo a los superiores.

Y el truco está en que los inversores, ciertamente presionados ante la perspectiva de las ganancias, son conminados a captar a otros nuevos para ascender de nivel, por lo que generalmente recurren a allegados de su entorno personal y familiar, mucho más confiados que un desconocido.

Todos ellos insuflarán económicamente el entramado fraudulento con la excusa de que, como toda academia de formación, tendrán que sufragar lo que se considera imprescindible para su futuro inmediato como inversores de éxito asegurado que perciben números de siete cifras.

Hablamos, por ejemplo, del pago de la matriculación a cursos on line, impartidos por exitosos brokers , que conlleva el abono de una cuota mensual, pero también de la asistencia a congresos y eventos que se celebran regularmente, muchas veces a muchos kilómetros de distancia del lugar de residencia del captado, y en los que hay que estar muy atentos a los predicamentos de los gurús de la inversión con criptomonedas.

Si nos atenemos a nuestro ordenamiento jurídico, hemos de acudir a la previsión del artículo 24 de Ley 3/1991, de 10 de enero, de Competencia Desleal que considera desleal por engañoso, en cualquier circunstancia, crear, dirigir o promocionar un plan de venta piramidal en el que el consumidor o usuario realice una contraprestación a cambio de la oportunidad de recibir una compensación derivada fundamentalmente de la entrada de otros consumidores o usuarios en el plan, y no de la venta o suministro de bienes o servicios.

En su momento también tuvimos ocasión de hablar de una película española, en la que desde el ácido humor, se abordan los efectos de estas empresas multinivel que delinquen, algo ciertamente inquietante, en cuanto que afectante a muchas víctimas en nuestro país.

Además, en nuestras sucesivas publicaciones en redes sociales, que prácticamente coincidieron en el tiempo con los primeros momentos de la pandemia de coronavirus, ya hemos venido advirtiendo sobre el negativo influjo que podría tener la misma sobre gran parte de la población, ciertamente influenciable y necesitada de acceder fácilmente a recursos en un periodo de inestabilidad y crisis socioeconómica tan exigente, como la que estamos viviendo y que para más INRI se ha agravado este 2022 tras la invasión rusa de Ucrania.

Sin embargo, lo curioso del presente caso es que las investigaciones policiales llegaron a buen puerto, gracias a la aportación de un conocido, inquieto y joven youtuber, Carles Tamayo, que, como periodista de investigación ya desde hace algún tiempo se estaba aproximando al mundo de las sectas y cuyas pesquisas contribuyeron a que muchas personas que se entendían perjudicadas dieran el paso para denunciar.

Hablamos de progenitores, ciertamente alarmados por la obnubilación que estaban padeciendo sus jóvenes hijos, algunos de ellos menores, tras haber entrado en la supuesta Academia de formación para la inversión, hasta el punto de abandonar sus estudios, aislarse socialmente, volverse irascibles, esquivos y obsesivos y en el peor de los casos, dejar el domicilio familiar para vivir del cuento de la lechera, nunca mejor dicho, hasta que se dan cuenta que ni siquiera pueden llegar a poder pagar la luz a final de mes.

En fin, todo aquello que caracteriza a quienes han podido caer en las redes de una secta, formando parte de una dinámica de polarización pergeñada astutamente para reprimir el pensamiento crítico de los reclutados hasta el punto del bloqueo mental y de la dependencia existencial del líder y sus secuaces.

Y todo ello, con el objeto de que se distancien de aquellos seres queridos o amigos a quienes no se ha podido captar y que ahora, no es que ya sean unos pobres ignorantes que desconocen las bonanzas de su sabia elección, sino que son ya sus principales enemigos, los que pretenden que dinamitar un sueño idílico que en realidad, es la peor de las pesadillas, aunque no sean conscientes de ello.

Sentado lo anterior, resulta muy preocupante que el reclutamiento sectario no esté ya afectando a personas adultas que pueden entenderse más vulnerables, tras haber perdido su trabajo o ser desempleados de larga duración, sino a chavales que o bien estaban empezando sus carreras o bien acabando sus estudios de Bachillerato y que tenían todo un futuro por delante que ahora centraban en la quimera de un chiringuito financiero.

A tales efectos, lo peor de nuestra actual sociedad del postureo digital en la que prima la apariencia y escenificación en redes, constituye el caldo de cultivo perfecto para que encuentren acomodo estas criptosectas que parecen simbolizar el abrupto final de ese cuento de la lechera.

Por ello, sin tapujos se ofrece una imagen pública de opulencia, que no deja de ser una falacia, como la tenencia de vehículos de lujo, que en realidad han sido alquilados para la instantánea, viajes a lugares de ensueño o asistencias a restaurantes de alto copete y hoteles de lujo.

Según lo que hasta ahora ha trascendido, el negocio de inversión en criptomonedas que ofrecían estaba vinculado a diversos paraísos fiscales pero además, era todo menos formal a la hora del respeto del ordenamiento jurídico español, careciendo de todo tipo de autorización legal.

Y es que al no estar inscrito en la Comisión Nacional del Mercado de Valores ni en otros organismos supervisores, no se estaría cumpliendo con las obligaciones inherentes a toda entidad de servicio de inversión en su actividad diaria, como el deber general de información, de conocer a sus clientes y su retribución.

Y lo habitual es que cuando estas empresas se sienten acorraladas al ser descubiertas, cierran el chiringo, nunca mejor dicho, cambiando de denominación como sociedades y nombres comerciales para continuar estafando, siempre con la misma estructura piramidal aunque con otro rostro.

Cuanto se enjuicia supuestos parecidos nuestra jurisprudencia insiste en que la frontera entre el ilícito penal y el civil se sitúa, en las exigencias de tipicidad que concurren en el primero en cuanto que referido a los delitos de estafa.

Y es que no todo incumplimiento de las obligaciones civiles deviene delito si no se acredita, cumplidamente, la preexistencia de un plan incumplidor y la puesta en escena engañosa como factor causal del desplazamiento patrimonial, algo que supuestamente acontece en el supuesto debatido, cuya sofisticación y boato generó una apariencia plausible de seriedad, que a la postre era artificiosa, destinada a personas sin especiales conocimientos sobre el funcionamiento de los mercados de inversión en criptomonedas.

Llegados a este punto, en ámbitos como el de las supuestas estafas piramidales con tintes sectarios todo quedará a criterio de lo decidan jueces y tribunales, puesto que, con el código penal en la mano no tienen a su alcance la posibilidad de condenar expresamente, no ya por una supuesta estafa, sino por el método del que se han servido para este lavado de cerebro, mediante la aplicación de técnicas de persuasión coercitiva.

Y es que hemos de partir de la base de que, permítasenos la hipérbole, nadie le pone la pistola en la cabeza a otra persona para que se sume a un negocio; cuestión diversa es que su consentimiento como pleno ejercicio de la libertad, en este caso contractual, se haya viciado hasta el punto de la grave afectación psicológica.

Y este vacío legal no solo genera una inseguridad jurídica sino que aboca a una angustia que afecta a las víctimas que se ven indefensas, con un tren de vida que se ha descarrilado, mientras otros, a quienes antes endiosaron, se atiborran de billetes desde lo alto de la pirámide.

Desde estas líneas, nuestra enhorabuena al joven Tamayo, quien por cierto últimamente fuma en pipa, no sin razón, tras haber comprobado, como el resto de televidentes, que la cadena televisiva La sexta (curiosamente, para muchos, La secta, aunque por otros motivos, ejem…) se ha podido apropiar de todo su esfuerzo y dedicación durante varios meses sin hacer una sola referencia al influencer de youtube en la emisión del reciente episodio de su programa Equipo de investigación.

En el viejo continente tenemos por costumbre importar buena parte de lo que en Estados unidos ya se ha consolidado en buena parte de ciudadanía, y ahora no nos referimos a la comida basura, precisamente.

Es evidente que estas practicas son buena prueba de ello, aunque cabe preguntarse qué puede ser lo siguiente, vista la pobreza intelectual que nos está asolando y la bajeza moral de muchos.

¿Los telepredicadores, quizás?

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